lunes, 31 de enero de 2011

Sin título.

Las suelas de mis zapatos se hunden en la húmeda hierba.
Dejando atrás la casa, camino hacía el medio de la gran pradera desierta, sintiéndome pequeña y perdida bajo la fantasmagórica luz de la luna, difuminada por nubes grises y pasajeras. Las risas y las conversaciones se oyen ya muy a lo lejos. Ahora, los cantos de algunos desvelados grillos, mi respiración áspera y forzosa y el ladrido de algún perro son lo único que corta el silencio.
Me alejo, me sigo alejando de la plástica compañía que todos ellos me ofrecen, hasta que la valla me corta el paso. Dejo la frente apoyar en la fría forja y lloro, mirando a lo lejos la ciudad iluminada en tostadas luces que se reflejan en el mar.
Lloro y te llamo y grito y empujo la valla con furia.
Pero ya sé que no me oirás y que no vendrás y que sigo sola, atrapada aquí en medio de tanta gente y sola. Y no es impotencia, ni frustración, ni tristeza. Ni siquiera estoy enfadada porque no hay nadie a quien culpar.
Es tan solo esta presión, como una gran losa de mármol, sobre mi pecho. Pero ni se siente bien, ni mal. No es ni fría, ni caliente. Tan solo pesa. Demasiado a veces.
No crezcas. Por favor, no crezcas. No me dejes aquí, no te vayas, no te quedes. No me consueles, ni te lamentes de mí pero llévate esto contigo. Te cedo el relevo. Por favor, carga tú con esto por un tiempo.
Y les oigo llamarme, a lo lejos. Pedirme que vuelva, que hace frío, que me constiparé.
Y sé que están preocupados y que me quieren y que quieren que vuelva. Pero no es suficiente. Porque ellos no importan y nunca lo harán. Y primero me siento culpable y luego estúpida por sentirme culpable. Y vuelvo a gritar tu nombre y ellos se callan porque ellos no entienden, ni saben, ni quieren hacerlo.
Y una pequeña y tibia mano se engancha a la mía sin previo aviso y bajo la vista hacia esos ojos claros que me miran desde abajo y casi espero una pregunta o una petición para que vuelva a la casa. Pero sonríe al ver mis lágrimas y yo me arrodillo despacio frente a él y le abrazo.
Y él da palmaditas a mi espalda como si yo fuera la niña y él el adulto. Y siento la calidez de su mejilla contra la mía y sus manitas en mi nuca.
-Mamá dice-mustió en un confidencial susurro- que si no vuelves ahora mismo, vendrá y te arrastrara ella misma.
Sonrío y me aparto para mirarle y enredar mis dedos en los bucles castaños de su frente antes de cogerle en cuello, abrazando el calor de su cuerpo contra el mio, y caminar hacia las luces.

viernes, 21 de enero de 2011

Verdades básicas

Se necesita algo de comprensión. Y hay que darse cuenta de unas cuantas verdades básicas. La primera es que nadie ha nacido para otro. La segunda es que nadie está aquí para satisfacer tus ideales de cómo alguien debería ser. La tercera es que tú eres el maestro de tu propio amor, y puedes dar tanto como quieras; pero no puedes exigir el amor de la otra persona, porque nadie es esclavo de nadie.

Si se pueden comprender estos simples hechos, no importa si estás casado o soltero, podéis estar juntos; permitiéndoos espacio el uno al otro, sin interferir nunca en la individualidad del otro. De hecho, el matrimonio es una institución anticuada. Y en primer lugar, vivir en una institución no es bueno. Todas las instituciones son destructivas. El matrimonio ha destruido casi toda posibilidad de felicidad en millones de personas; y todo por cosas que no valen para nada. Para empezar, el matrimonio, el propio ritual, es artificial.

Rajneesh Osho

sábado, 15 de enero de 2011

VIII

+¿Te has muerto?
-No.
+¿Lo he hecho yo?
-Tan solo se ha ido la luz. Nos sacaran de aquí antes de que nos demos cuenta.
+No se caerá el ascensor, ¿verdad?
-¿Adonde coño va a caerse?
+Ya sabes… al agujero del ascensor. Ese por el que escalan los de las pelis.
-Patético.
+¿Y el oxígeno?
-¿Qué pasa con él?
+¿No se irá a acabar?
-Es un ascensor, no una cámara acorazada.
+¿No tienes calor?
-¿Quieres relajarte? Solo serán un par de minutos.
+¿Dónde estás?
-Aquí; siéntate a mi lado.
+¿Alguna vez te he dicho que te quiero?
-No te pongas en plan melodramático. No vamos a morirnos.
+Si me da algo antes de que vengan los bomberos, tendrás que hacerte cargo del cachorro.
-Eres tan insoportable. Tanta gente con la que podía haberme quedado aquí con la luz apagada y me tocas precisamente tú.
+¿Recuerdas esa peli que vimos con mi hermana aquella vez? La del avión que se estrellaba en las montañas y en la que los supervivientes sobrevivían…
-Comiéndose a los muertos. Sí, me acuerdo.
+Por lo menos aquí nos acabaran encontrando dentro de nada.
-¿Lo ves? Solo hay que saber mirar el lado bueno de las cosas.
+…Oye.
-¿Mm?
+Tengo hambre.
-Hay que joderse.