miércoles, 20 de octubre de 2010

Espera


El fluorescente parpadeaba. La máquina de café gruñía en una esquina. Una mujer con un gran morado en la mejilla izquierda alzó a su bebé del carrito cuando el pequeño protestó insistente con los puñitos alzados. Un joven miraba malhumorado al infinito con su caro smoking manchado de la sangre que, por el pañuelo que sujetaba contra su rostro, deduje que era suya. Una muchacha que rondaría los catorce, con el labio perforado y sus grandes ojos verdes, casi cubiertos por su espeso flequillo, contemplando fijos a todo cuanto allí se encontraba, mascaba chicle ruidosamente.
Era demasiado tarde.
Un policía entró en la sala con una lista en la mano. Sobre la gastada tela azul de su uniforme una mancha oscura era semicubierta por la brillante placa identificadora.
-Ian Devere-dijo con voz neutra.
El joven del smoking se levantó, airoso.
-Ya era hora-pasó por delante del agente, atravesando la puerta por la que este había aparecido.- Casi me desangro esperando.

martes, 19 de octubre de 2010

Cualquiera podría haberlo dicho

"Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede que el padre o la madre de tus hijos... Esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella...
Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que perderéis siempre. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y os impedirán, siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejareis de intentarlo…
Os rendiréis y buscaréis a esa otra persona que acabaréis encontrando.Pero os aseguro que no pasaréis una sola noche sin necesitar otro beso suyo, o tan siquiera discutir una vez más...Todos sabéis de qué estoy hablando, porque mientras estabais leyendo esto, os ha venido su nombre a la cabeza.
Os librareis de él o de ella, dejareis de sufrir, conseguiréis encontrar la paz -le sustituiréis por la calma-, pero os aseguro que no pasará un día en que deseéis que estuviera aquí para perturbaros. Porque, a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas, que haciendo el amor con alguien a quien aprecias."

Paulo Coelho.

lunes, 4 de octubre de 2010

V

+No te muevas tanto.
-No me estoy moviendo.
+Pues te estoy sintiendo. Respiras demasiado profundo.
-Oh, vaya. Lo siento. Una mala costumbre que tengo; respirar.
+No te pongas en plan cínico.
-Olvídame. Tengo sueño.
+…Estás ocupando mi lado.
-¿Pero qué dices?
+Mira, ¿lo ves? Esta es la mitad de la cama, estás en mi lado. Échate hacia la izquierda.
-Me caeré.
+Pues ponte de lado.
-No voy a ponerme de lado. Esta es mi parte de la cama.
+¿Quieres apostar?
-Oh, vamos…
+…Deja de tirar de la manta.
-Que te jodan.
+Ni que estuvieramos en tu cama.
-Perdona pero yo he pagado la habitación.
+Después de cargarte mi preciado Celica.
-El que seguramente también pagaré. Así, cállate y duerme.
+Si pudiera taparme quizás lo intentaría.
-¡Toma la jodida manta! Me voy a dormir al coche…
+Tampoco te pongas así… Ehh, y ten cuidado con los asientos.
-¡Dios!
+… que mal genio…

domingo, 3 de octubre de 2010

Un largo etcétera

…el rozar de tu sudadera favorita, el leve olor indescifrable de tu cuello, tu forma de plegar los labios ocultando la sonrisa, la chispa de tus ojos al reírte, el arrastrar de tus gastados tenis, la manera de rascarte la nuca mientras piensas una respuesta ingeniosa, el suave sopló de vida que escapa de tus labios en un cansado suspiro, la forma en la que tu pelo siempre esta revuelto y yo me contengo para no colocar en su sitio ese mechón que cubre tus ojos, tu voz, tus gestos, cada una de tus notas, tus muecas cuando te preguntó algo obvio, tu sonrisa cuando descubres que es lo que intento, los versos que recitas para nadie en concreto contemplando al infinito con expresión ausente, tu pésimo acento francés, la seriedad de tu rostro cuando me explicas algo para ti indispensable y para mí simplemte palabras, tus ojos en blanco cuando te exaspero, tú, tú, tú…

sábado, 2 de octubre de 2010

Mentiras





No podía dejar de pensar él.
Estaba furioso, decepcionado, dolido pero no podía evitar echarle de menos.
Lo maldije, por mentirme durante los últimos seis meses, por haber aparecido la primera vez que nos vimos, por haber sido la única persona con la que me sentía vivo.
Y luego me arrepentí y me insulté a mí mismo en compensación.
Aquello era patético. Todo había terminado ya.
Suspiré cuando, tumbado en el sofá, con la quinta cerveza de la noche en la mano, el timbre de la puerta reclamó mi atención.
Lo ignoré. Fuera quien fuese terminaría cansándose y dejándome compadecerme en paz. Me equivoqué y acompañado de los golpes de aquellos insistentes nudillos, caminé hacia la puerta.
Allí, de pie sobre las escaleras del porche, calado hasta los huesos por la interminable lluvia de aquel largo abril, estaba él.
Me miró, callado. Hice el ademán de cerrar la puerta. Me detuvo.
-Escúchame-pidió con la voz rota.
Suspiré. Que no llorara, que no llorara, que no llorara…
-Ya te he dicho…
-Es cierto, te mentí. Sé que fue estúpido, no lo pensé. Sé… sé que debería tener algo mejor pero… lo siento.
-Continúa-me crucé de brazos, apoyando mi hombro en el quicio de la puerta.
Me miró sorprendido unos segundos. Se acercó un paso, lentamente.
-Mi padre no trabaja en el hospital. Es abogado, es el abogado que mandó al tuyo a la cárcel. Mi madre no está visitando a su hermana; murió hace años en un accidente de tráfico. No tengo apartamento propio, vivo con mi padre. Nos peleamos continuamente y nunca hemos ido a pescar juntos. No quiero ir a la universidad como tú, me parece aburrido. Odio la música que pones cuando vamos en el coche, no soporto esas canciones sin letra. No me gustan tus bizcochos; llevan demasiada azúcar. Me caen mal tus amigos, siempre están tomándome el pelo y me hacen sentir como un crío. La camiseta que me regalaste me va demasiado apretada y me siento cortado con ella. No me gusta a los bares a los que vamos; hay demasiado ruido y no puedo escucharte hablar. No me gustan las películas antiguas y detesto ir al gimnasio. Ni siquiera he empezado el libro que me prestaste porque prefiero los comics. Te mentí y lo siento. Pero hubieras salido corriendo de no haberlo hecho.
Suspiré, revolviéndome el pelo.
La cabeza me daba vueltas. Me pregunte cuanta cantidad de culpa tendrían las cervezas.
-¿En serio crees que lo hubiera hecho?
Apartó la mirada, sacudió la cabeza, se mordió los labios.
-No lo sé-confesó débilmente.
-¿Qué quieres de mí?-le exigí saber.
-Quiero oírte decir que me perdonas-susurró mirando fijamente las puntas de sus zapatos.
-¿Cómo podría? ¿Cómo sabré si no me has mentido en cosas aún más importantes?
-No en la más importante-me aseguró.
-¿Y cuál es?-pregunté cansado.
Levantó la mirada. Sus ojos me traspasaron, inseguros y aguados.
Un instante antes de que hablara, sabía lo que iba a decir.
Un instante antes sabía que le perdonaría. Le perdonaría aquello y cualquier otra cosa que me pudiera haber echo. Le perdonaría porque yo tampoco le había mentido respecto a eso.
-Te quiero.

viernes, 1 de octubre de 2010

Promesas

Tardaras años en leer esto. Quizá el doble en lograr entenderlo.

De todos modos, aunque ahora no estés aquí, aunque aún no seas más que la continuación de casualidades de la que todos somos parte, algún día lo estarás. Yo me encargare de ello, corazón mío.

Me imagino tu rostro de cientos de maneras diferentes. Imaginó sonrisas, muecas y conversaciones y eres tú lo que me hace sonreír entre lágrimas mientras contempló la lluvia trazar impasible surcos sobre el cristal de mi ventana.

Me paro a pensar en ti cada día por muy imposible o estúpido que parezca. Sueño contigo. Y sé que si pudiera contárselo a alguien podría hablar sobre ti horas enteras.

Porque te quiero.

Espero lograr ser para ti todo lo que los demás no han podido y prometo angustiarme cada una de tus primeras veces, ser feliz con solo verte dormir, curar cada uno de tus rasguños, esperarte despierta hasta que vuelvas a casa y fingir que el café solo y los crucigramas a medio hacer no son para no caer rendida mientras te aguardo.

Quiero alejarte de todo lo que yo no puede escapar y me angustio, porque sé que no será posible protegerte siempre. Porque tendré que dejar que te equivoques por ti mismo y prometo que cuando ese momento llegue, no habrá dolor más grande que el mío cada vez que sufras, tan inmenso como mi orgullo al verte triunfar.

Te aseguro que te gritaré y te aseguro que me gritaras. Te enfadaras conmigo mil veces al día y me harás enojar dos mil.

Tomaras decisiones que no me gusten y lo esconderé lo mejor que pueda. Te apoyaré por encima de cualquier otra cosa porque sin duda lo estás.

Te prometo una casa y una familia y tantos te quieros como puedas escuchar.

Prometo cuidar de ti todo lo mejor que pueda y dar mi vida por ti una y otra vez.

Pasaré todas las noches necesarias tomando tu mano en el hospital solo si tú prometes ponerte bien.

Prometo que hagas lo que hagas, seas lo que seas, digas lo que digas, pase lo que pase siempre serás parte de mí.

IV

+Te dije que acabaríamos perdidos, ¿te lo dije o no?
-¿Quieres callarte? Y baja la música no puedo oír mis pensamientos.
+Mejor. No sé porque continúo haciéndote caso.
-Porque es lo que se hace con los copilotos… y porque soy mucho mejor que ese GPS de pacotilla.
+Él no me habría metido por una carretera que posiblemente no tendrá ni salida.
-Puede que no sea el mejor atajo pero seguro que es mejor que…
+¡Mira! Voy a bajarme a preguntar a ese hombre.
-¿Te fías más de un desconocido que de mí?
+No lo dudes.
-…¿Y bien? ¿Qué ha dicho?
+Que vamos en dirección contraria, Einstein. Encontraremos un cruce a unos metros y podremos dar la vuelta.
-Bah, ¿que sabrá él? Seguro que ni siquiera ha salido de su finca en años.
+Nos arriesgaremos.
-¿Vas a hacerle caso? Oye, ¿qué diantres significa esa sonrisilla?
+Significa que este es mi coche y si no estás de acuerdo con mis decisiones, te dejare junto a ese hombre.
-Tener amigos para esto… ¿qué pasa ahora?
+Se ha parado.
-¿Qué quiere decir “se ha parado”?
+Se ha parado, no anda, no se mueve, las ruedas no giran, el motor…
-Vale, ya lo capto. ¿Y ahora qué?
+¿Y yo qué sé? Esto es culpa tuya.
-¿Mía?
+Sí, mi Celica no está acostumbrado a andar por sitios como este. ¿Cuánto hace que no ves una señal? Eso por no mencionar, el asfalto. Oh Dios mío, no llegaremos a la boda. No creo que estemos allí para las de plata.
-¿Se puede saber por qué diantres me haces caso?
+Muérete.