lunes, 1 de septiembre de 2014

Hoy he oído a una chica diciendo que los Lunes no son buenos días para empezar nada.
Que traen mala suerte los Lunes.
Aunque también dicen que los números pares son los más bonitos.
¿Quién sabe?
Pero hoy vuelve a ser Lunes y Uno y tan mala suerte no hay...





Hagas lo que hagas, hazlo porque quieres.
No pongo deberes y no paso lista.
Vistas como vistas; falda o pantalón,
No te me disfraces para la ocasión.


viernes, 4 de abril de 2014

No sé si sabes lo que espero de ti.
Yo quiero la carne cruda, las manos grandes, los ojos fríos.
Quiero la ropa arrugada, las baldosas húmedas, el olor de tierra.
El arañado de la piel, los golpes de los dedos, la fuerza de los dientes.
Solo quiero la verdad. Aunque me duela. Aunque nos duela.
Necesito realidad. Y solo me vale la tuya.
Las demás se me hacen gélidas y vacías.
Sino estás tú...
Se me hace todo demasiado cruel y pesan piedras sobre mi corazón.
El temblor de todo cuando te veo caminar hacia mí, ojalá no se acabe nunca.
Ojalá nunca me acostumbre a él. Y siga sacudiéndome cada vez que te vea.
Átame a este mundo. A las cosas mundanas, a las crudas, a lo auténtico. A ti.
Y haz que quiera respirar, hoy y mañana y al día siguiente, siempre y cuando sea contigo.



Las cosas siempre tuvieron un precio.
No me importa en absoluto. Lo pagaré las veces que haga falta.
Me da igual endeudarme si es con el brillo de tus ojos.
Cuando ya no me quede nada, voy a darte mi carne,
Mi sangre y hasta el último suspiro.
Y aún así, no parece suficiente. ¿No habrá algún error?

Recuerdalo. Siempre.
Hasta que no me quede nada.

sábado, 22 de marzo de 2014

Parece imposible, el desastre que puede causar algo tan dulce.
De repente, se me resbalan los planes y los veo estrellarse contra la madera tibia de su cuarto.
La nostalgia se deshoja, lenta pero insistentemente, en un invierno que dura el tropezar hasta la cama. Las hojas se quedan frías, tiemblan abandonadas y la añoranza se apaga, hasta que la prórroga termine.
La miro un momento, por encima de su hombro, hasta que una peca me distrae.
Las palabras son vaho ahora.
Y las sonrisas se interrumpen y terminan en un nuevo reencuentro.
Y él cree que solo es ropa lo que se desliza hacia el precipicio y se pierde entre las horas y los días y las lunas vacías.
Se agrieta el dolor, se hace pedacitos muy pequeños hasta que solo queda polvo, que un suspiro lleva lejos.
Se quiebran las inaceptables dudas, y nunca han existido y nunca existirán.
No se rompe todo. Dentro de ese tierno caos, el corazón resquebrajado se me cura.
Pero todo lo demás mio, lo respira y caracolea en sus pulmones, se evapora contra su lengua y se deshace en sus dedos, fundiéndose con su piel.
Desaparece. Y yo solo soy él.

martes, 14 de enero de 2014



Tenía una familia.
Tenía hermanos, tenía cómplices que a veces también podían ser enemigos. Tenía carreras de sacos, tenía verdín en los playeros. Tenía cicatrices que curaban tan rápido como venía la siguiente. Tenía regazos. Muchos. Tenía un muñeco de Charmander. Tenía mentiras. Tenía ratos interminables detrás del sofá jugando al escondite. Tenía una mano grande cerca de la mía, a veces sujetándome y a veces empujándome al agua salada.
Tenía un hogar.

Y se rompió. Y tuvimos que crecer.