lunes, 30 de enero de 2012



Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, y uno aprende que el amor no significa acostarse, y una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender que los besos no son contratos, y los regalos no son promesas.

Jorge Luis Borges

viernes, 27 de enero de 2012

Encuentra a una chica


Encuentra a una chica un sábado perezoso. Esa, la del final de la barra. La de la melena rubia y los ojos tristes. Deslízate a través del humo, bajo las multicolores luces parpadeantes. Invítala a una copa. Interésate por ella con las típicas frases estúpidas de esas que has escuchado antes en mil comedias románticas. Hazla primero sonreír y que termine riendo a carcajadas. Dile lo bonitos que son sus ojos. Dibuja una estela invisible trepando por su brazo.

Luego, cuando el dueño del bar os eche a la mañana siguiente, tómala de la mano. Llévatela calle arriba. Comparte con ella un cigarro. Bésala en algún desierto parque. Ir a desayunar. Café y croissant. Chocolate y tostadas. Lo mismo da.

Bésala de nuevo en el portal de tu casa. Aparca el cansancio y llévala a mordiscos hasta tu cama. Tíratela.

Espera tres días para llamarla pero hazlo. Llévatela a un museo, a un concierto, a pasear por la playa. Redescubre a que huele su cuello y la temperatura de sus manos. Descubre gustos comunes como la música de los 60’ y las obras de Borges.

Deja que pase el tiempo, lenta, perezosamente. Abstráete del mundo, disuélvete en el futuro inmediato y olvida el resto.

Una noche de invierno, dile que la quieres. Así, descuidado, como lo dices tú, mientras camináis por la calle, cuando estéis haciendo la compra o mientras bailáis al son de un ritmo imaginario en medio de alguna acera. Susúrraselo, no dejes que las palabras pueda llevárselas el viento.

Quiérela mucho. Trátala bien.

No te preocupes, que el tiempo siga desfilando. Deja que los años se instalen en tus ojos, en tu sonrisa y en tus rizos. Y un día, mientras cenáis en vuestro apartamento en alguna ciudad lejos de aquí, mira hacia atrás y decide irremediablemente casarte.
Hazlo bien. Compra un anillo y llévala a aquel bar donde la encontraste. Y cuando ella acepte, abrázala hasta que os sorprenda el alba como la primera noche.

Cómprate un traje y gasta en flores lo que ella quiera. Llora cuando la veas caminar vestida de blanco hacia a ti. Pasa la luna de miel en algún sitio olvidado y tierno.

Decide comprar un perro. Un pastor alemán. Llámalo por el estúpido nombre que a ella se le ocurra y no se te ocurra discutirlo.

Ten dos hijos, con tus ojos verdes y tu piel blanca. Críalos bien, como sé que lo harás. Cómprate una casa más grande, evita que te despidan en el trabajo. Pasa las navidades con tus suegros. Encántales, no te será difícil.

Y algún día, cuando estés completamente seguro de que eres completamente feliz, si quieres, mira hacia atrás y recuérdame un segundo.

Luego ve y bésala a ella, acaricia al perro y grita a tus hijos que es la hora de la cenar.





-Te aseguro que no me importa nada.
-Sí, pero ¿quien es?, ¿cómo se llama ese chico?
-Se llama Berny Franccesco. Ni siquiera está en mi clase. Cuanto menos le veo estoy mucho mejor.
-¿Te es antipático?
-Antipatiquísimo. Realmente odioso.
-¿Odioso?
-Odioso.
-O sea, que te has enamorado de él.
-Sí.
-¿Mucho?
-...Muchísimo.

El tigre y la Nieve



El problema no es que no te haya encontrado,
el problema es qué ocurre si ya lo he hecho y aún así sigo buscandote.