domingo, 23 de septiembre de 2012


"Y sé que en algún momento del futuro habrá otra persona.
Será inteligente, y guapa, y tendrá sus propias heridas, y nos entenderemos y nos enamoraremos, y yo me sentiré culpable por ser feliz, asi que haré pequeñas cosas para sabotear nuestra relación cuando las cosas empiecen a ir demasiado bien.
Y ella será paciente conmigo y después, cuando haya llegado al límite de lo soportable, nos desahogaremos peleándonos a gritos y después, supongo, llegará un ultimátum lacrimógeno y, después, pasaremos página.

No necesito que me digan lo que ocurrirá, que es inevitable. No me estoy engañando. Pero solo porque algo sea cierto no significa que esté preparado para enfrentarme a ello hoy. A veces, la única verdad que la gente puede soportar es la verdad en la que se despierta esa mañana. Y esta mañana, como todas las mañanas, yo me he despertado con mi dolor.

Así que háganme un favor y no me jodan más."

jueves, 13 de septiembre de 2012



-¿Qué es?-se sentía sin aliento, con una especie de terror-. ¿Te duele? No, sin duda... ¿Te avergüenzas? ¿Estás enfadado? Dime ¿qué he echo?
Los ojos brillantes de lágrimas miraron sin ver. -Yo... sólo...
-¿Qué? Madre mía. ¿Qué?
-¿Cuando tiempo pasará hasta que ya no pueda recordar tu cara?
Antonio se sintió paralizado. Gabriel todavía estaba hablando a través de las lágrimas, sus ojos brillantes.
-Yo ya estoy olvidando. Así que muchas cosas están desapareciendo, mi memoria está en mal estado. Yo no sabía nada de ti antes de que esto sucediera. No voy a...-se tragó las palabras.
-Calla, mi amor. Todo va a estar bien-trató de acercarle contra su pecho pero Gabriel lo empujó lejos.
-No, en realidad, nunca lo estará. No digas cosas así. No intentes engañarme.
-Lo siento-dijo Antonio con humildad-. ¿Qué puedo decir? Estoy aquí. No voy a ninguna parte. Yo haría cualquier cosa por ti-se vio interrumpido cuando Gabriel le cubrió la boca con un beso tan duro como desesperante.
Las pestañas húmedas, la nariz húmeda, la boca húmeda y luego Gabriel se fue alejando, mientras hablaba.
-Entonces, detén el juego y la charla. Deja de hacerme pensar.
Buscó de nuevo los labios de Antonio.
-Sabes a miel-dijo Gabriel.
-Sabes a vida-dijo Antonio.
-¿Puedo tocarte?
Antonio retrocedió, sorprendido. -Por supuesto.
-Tengo que.. Quiero memorizarte- parecía hacer un esfuerzo por mantener firme su voz, aunque los dedos no eran muy estables. Pero eran suaves sobre la piel de Antonio.
-Acabas de tocas mi alma, gatito. Mi cara es una cosa pequeña en comparación.


Palabras ácidas y ojos melancólicos,
huesos elegantes y una actitud de luchador callejero.
Tantas contradicciones.

martes, 11 de septiembre de 2012

Tinüe


“Dime cómo te llamas”
El hombre llevaba una camisa blanca mecida por el viento, jugueteando con su figura, y unos pantalones de cuero, negros. A Tinüe le pareció sencillo y grandioso a la vez. Como una alondra.
“Tinüe” dijo mirando los ojos oscuros, profundos, infinitos.
“Tinüe” asintió el hombre “¿Qué significa Tinüe?”
La pregunta era desconcertante aunque le pareció refrescante y cálida al mismo tiempo. El hombre parecía serio aunque Tinüe pudo ver la diversión bajo sus pestañas y sonrió.
“Tinüe es la lluvia al caer y rozar las flores. Tinüe es el segundo del amanecer en el que el sol, aún escondido, lanza los rayos al cielo y casi se pueden tocar. Tinüe es el olor de la tierra mojada y de las manzanas verdes. Tinüe es cuando los pájaros cantan y también cuando escapan espantados por forasteros.”
El hombre rió. Rió desde la tripa, desde el pecho, desde la garganta. A Tinüe le gustó su risa, le hubiera gustado atraparla en el cuenco de sus manos, correr hasta la cocina y encerrarla en un tarro de cristal.



martes, 4 de septiembre de 2012


No sé qué escribirte
¿Aquella vez que tiramos a rodar los caracoles por la cuesta?
Creo que todos los caracoles que aún quedan nos temen
Los reyes de los caracoles
No sé qué escribirte
¿Qué aún te sostienes en mis rodillas?
Me miras y parloteas y me miras
Casi con indulgencia por no poder descifrarte a veces
Sonríes y me tocas, con puñales en las yemas
No sé qué escribirte
Tienes firmemente sujetos los hilos de mis títeres
Tienes el mirar osado y juguetón
Y sacudes mi mundo. Pero ya sabes eso
No sé qué escribirte
¿Qué te quiero?
No quiero tener que escribirte eso

No te escribiré nada hoy
Mañana iré por ti y te levantaré
Voy a darte las vueltas que tú me pidas
Voy a repetir la estrofa que tú quieras
Voy a buscar caracoles
Voy a llenar tus manos de margaritas y maullidos de gatos
Y así no tendré que escribirte
Voy a apretarte contra mí hasta que protestes
Y voy a decirte que te quiero
Para tampoco tener que escribírtelo nunca