viernes, 30 de noviembre de 2012


La escarcha inunda las yemas y el vapor de tu aliento,
Cristaliza tus palabras y congela tus rizos.
Te oigo como lejano, hundido en las tinieblas de farolas y luces de escaparates apáticos.
Tocó el timbre de tu voz, me lleno los pulmones del rotar de las sílabas en tu boca
Y de la risa ahogada que te cosquillea el pecho,
Como rota, como infame.
"Se puede ser infiel pero no desleal."
Tu mano está fría. Tu mano quema.
Tienes las pupilas amplias y húmedas,
Con parpadeantes reflejos del furor de las avenidas,
Con manchas de pasados más próspero y realidades menos grotescas.
Tienes el pecho desgarrado, como yo, como todos,
Y el corazón te late con los ojos cerrados y los sentidos vacíos.
Los chacos son oscuros y profundos,
Y en ellos se ahogan el ruido de los coches y la ponzoña de la ciudad.
Nadie nos salvará de esta farsa insípida y cutre,
Y la muchedumbre seguirá girando,
titereando entre los edificios monstruosos, en los comercios de espanto,
bajo los paraguas y sobre el cemento armado.


sábado, 24 de noviembre de 2012

"Y el hombre destruye aquello que más ama
en campo abierto, o en una emboscada;
algunos con la suavidad del cariño,
otros con la dureza de la palabra,
los cobardes destruyen con un beso,
los valientes destruyen con la espada."
Oscar Wilde

No debí comprometerme con la vida en general.



martes, 6 de noviembre de 2012

Felidae


La acera es dura y gris, despiadada; con su corte afilado y su continuar infinito.
El jirón de tu alma en mi garganta se enrolla y ronronea. Tu alma tiene el lomo cálido y los dientes afilados, las orejas puntiagudas y las patitas blancas.
Tu alma sabe ser cruel cuando se enfurece y sus destellos verdes queman destrozándolo todo, haciendo trizas los planes y esquemas. Tu alma se eriza ante caricias ajenas o palabras desconocidas y gruñe, sacudiendo cada cosa.
Pero hoy solo  hay sosiego y calma; está tranquila y dulce, y sus maullidos acarician mis sienes y derraman hilos de plata sobre cada pensamiento, arropándolos, protegiéndolos.
Hoy, dormita en su rincón, contra el calor de mi yugular y el ritmo de mi pulso.
Hoy, el cielo es gris también, como la calle, como los edificios, como las palomas. El gris está bien: el gato bufa cuando todo es de colores, saca las garras y me desgarra el corazón.
Está más que feliz hoy. Tanto que casi lo acaricio, casi lo mezo, casi lo abrazo. Y todo arde cuando no lo hago.
No hay nadie alrededor, por eso no hay ruido, ni tampoco silencio. Por eso no hay humo…
Por eso no hay humo y el gato respira contento cada aliento, saboreándolos plácidamente, inundando cada bocanada que tomo con el calor de sus pulmones y el color del arrullo de su garganta. Tiene los ojos cerrados y se lame una zarpa, tan orgulloso de sí mismo que su cola se contonea y se enreda en mis recuerdos sacudiéndolos a su antojo.
Ya no hay nadie. Como a él le gusta.
Y cuando todos se han ido, solo queda el gato. Quedo yo y la tranquilizante presencia de mi fantasma favorito, dormitando despreocupado, como más me gustaba.

domingo, 4 de noviembre de 2012

¿Y si es de locos escuchar aún tu voz?
Pues que me fichen de los locos el peor.
Porque aunque digan que aquí tú ya no estás,
La realidad, es que no es hasta ahora que te he visto llegar.
Si fue sensato escuchar al corazón,
¿Será que este mundo habrá perdido toda razón?