Es caro el brillo de tus ojos y el paso a la depresión de tu garganta. No sé si puedo pagarlo, aceptar el precio de tu tacto. Me endeudaré con tu corazón si te toco de nuevo. No puedo pagar la cuota que me supone perderme de nuevo en las colinas y las abruptas cordilleras tus hombros, de tu espalda; inundarme con tus lunares y tus cicatrices; resguardarme en el cálido hueco tras tu oreja mientras me vuelvo a enamorar de los rizos de tu nuca y del dorado de tus iris.