Me miró. Sus grandes ojos verdes con un tenue abismo de pánico brillando en sus pupilas, encerrado en su memoria, demasiado dentro de él para que nadie lo viera, me atravesaron infinitos. Alargó su mano hacia mí. De sus labios entreabiertos brotó un frustrado suspiro ante mi duda. La impaciencia le hizo removerse inquieto en su sitio.
Miré su mano, grande y firme. Segura, quizá.
-Por favor. Por favor.
Entendí mi brazo. Las yemas de mis dedos rozaron las suyas. Sus ojos me invitaron a tomarla con fuerza. Me mordí los labios y di un firme apretón a su palma.
Sus párpados se cerraron unos segundos y cuando volvió a clavar sus ojos en los míos, había recuperado la seguridad y la confianza. Sonrió, satisfecho y cerré el puño con fuerza cuando su mano dejó una estela fría al separase de la mía.
Me dedicó una ladeada sonrisa e inclinó la cabeza.
-Hasta la próxima.
Miré su mano, grande y firme. Segura, quizá.
-Por favor. Por favor.
Entendí mi brazo. Las yemas de mis dedos rozaron las suyas. Sus ojos me invitaron a tomarla con fuerza. Me mordí los labios y di un firme apretón a su palma.
Sus párpados se cerraron unos segundos y cuando volvió a clavar sus ojos en los míos, había recuperado la seguridad y la confianza. Sonrió, satisfecho y cerré el puño con fuerza cuando su mano dejó una estela fría al separase de la mía.
Me dedicó una ladeada sonrisa e inclinó la cabeza.
-Hasta la próxima.
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