jueves, 10 de marzo de 2011

No te quiero.


No te quiero. Porque me irritas, me exaltas, me cabreas. Porque me destrozas esquemas, teorías e hipótesis. Porque me confundes.
No te quiero. Porque odio como miras, como andas y como tocas. Porque odio como terminas el vaso de un trago o como tus manos están siempre aún más heladas que las mías.
No te quiero porque eres arrogante y terco y estúpido. Porque me desquicias, me alteras, me descolocas. Porque detesto la forma que tienes de silbarme y como me miras desde el condenado balcón de tu cocina.
No te quiero porque no quiero verte, ni hablarte y porque tu nombre completo me da escalofríos.
No te quiero porque me haces llorar.
No te quiero porque eres incapaz de ver más allá de tus narices. No me gusta como pones los ojos en blanco y como pateas las latas mientras caminas. Odio que te pares en los videoclubs y que me hagas sinopsis de cada cartelera. Odio que me mires de arriba abajo cuando digo una tontería. Odio cuando te ríes de solo tú sabes qué y me fastidia ese descaro de tus ojos y tu irritante manía de rozar las puntas de tus deportivas con el suelo al andar.
No te quiero porque no.

Sé porque no te quiero. Pero no sé porque te amo tanto.

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