martes, 14 de enero de 2014



Tenía una familia.
Tenía hermanos, tenía cómplices que a veces también podían ser enemigos. Tenía carreras de sacos, tenía verdín en los playeros. Tenía cicatrices que curaban tan rápido como venía la siguiente. Tenía regazos. Muchos. Tenía un muñeco de Charmander. Tenía mentiras. Tenía ratos interminables detrás del sofá jugando al escondite. Tenía una mano grande cerca de la mía, a veces sujetándome y a veces empujándome al agua salada.
Tenía un hogar.

Y se rompió. Y tuvimos que crecer.

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