Tenía una familia.
Tenía hermanos, tenía cómplices que a veces también podían
ser enemigos. Tenía carreras de sacos, tenía verdín en los playeros. Tenía
cicatrices que curaban tan rápido como venía la siguiente. Tenía regazos.
Muchos. Tenía un muñeco de Charmander. Tenía mentiras. Tenía ratos
interminables detrás del sofá jugando al escondite. Tenía una mano grande cerca
de la mía, a veces sujetándome y a veces empujándome al agua salada.
Tenía un hogar.
Y se rompió. Y tuvimos que crecer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario