jueves, 13 de septiembre de 2012



-¿Qué es?-se sentía sin aliento, con una especie de terror-. ¿Te duele? No, sin duda... ¿Te avergüenzas? ¿Estás enfadado? Dime ¿qué he echo?
Los ojos brillantes de lágrimas miraron sin ver. -Yo... sólo...
-¿Qué? Madre mía. ¿Qué?
-¿Cuando tiempo pasará hasta que ya no pueda recordar tu cara?
Antonio se sintió paralizado. Gabriel todavía estaba hablando a través de las lágrimas, sus ojos brillantes.
-Yo ya estoy olvidando. Así que muchas cosas están desapareciendo, mi memoria está en mal estado. Yo no sabía nada de ti antes de que esto sucediera. No voy a...-se tragó las palabras.
-Calla, mi amor. Todo va a estar bien-trató de acercarle contra su pecho pero Gabriel lo empujó lejos.
-No, en realidad, nunca lo estará. No digas cosas así. No intentes engañarme.
-Lo siento-dijo Antonio con humildad-. ¿Qué puedo decir? Estoy aquí. No voy a ninguna parte. Yo haría cualquier cosa por ti-se vio interrumpido cuando Gabriel le cubrió la boca con un beso tan duro como desesperante.
Las pestañas húmedas, la nariz húmeda, la boca húmeda y luego Gabriel se fue alejando, mientras hablaba.
-Entonces, detén el juego y la charla. Deja de hacerme pensar.
Buscó de nuevo los labios de Antonio.
-Sabes a miel-dijo Gabriel.
-Sabes a vida-dijo Antonio.
-¿Puedo tocarte?
Antonio retrocedió, sorprendido. -Por supuesto.
-Tengo que.. Quiero memorizarte- parecía hacer un esfuerzo por mantener firme su voz, aunque los dedos no eran muy estables. Pero eran suaves sobre la piel de Antonio.
-Acabas de tocas mi alma, gatito. Mi cara es una cosa pequeña en comparación.

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