“Dime cómo te llamas”
El hombre llevaba una camisa
blanca mecida por el viento, jugueteando con su figura, y unos pantalones de
cuero, negros. A Tinüe le pareció sencillo y grandioso a la vez. Como una
alondra.
“Tinüe” dijo mirando los ojos
oscuros, profundos, infinitos.
“Tinüe” asintió el hombre “¿Qué
significa Tinüe?”
La pregunta era desconcertante aunque
le pareció refrescante y cálida al mismo tiempo. El hombre parecía serio aunque
Tinüe pudo ver la diversión bajo sus pestañas y sonrió.
“Tinüe es la lluvia al caer y
rozar las flores. Tinüe es el segundo del amanecer en el que el sol, aún
escondido, lanza los rayos al cielo y casi se pueden tocar. Tinüe es el olor de
la tierra mojada y de las manzanas verdes. Tinüe es cuando los pájaros cantan y
también cuando escapan espantados por forasteros.”
El hombre rió. Rió desde la
tripa, desde el pecho, desde la garganta. A Tinüe le gustó su risa, le hubiera
gustado atraparla en el cuenco de sus manos, correr hasta la cocina y
encerrarla en un tarro de cristal.
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