viernes, 30 de noviembre de 2012
La escarcha inunda las yemas y el vapor de tu aliento,
Cristaliza tus palabras y congela tus rizos.
Te oigo como lejano, hundido en las tinieblas de farolas y luces de escaparates apáticos.
Tocó el timbre de tu voz, me lleno los pulmones del rotar de las sílabas en tu boca
Y de la risa ahogada que te cosquillea el pecho,
Como rota, como infame.
"Se puede ser infiel pero no desleal."
Tu mano está fría. Tu mano quema.
Tienes las pupilas amplias y húmedas,
Con parpadeantes reflejos del furor de las avenidas,
Con manchas de pasados más próspero y realidades menos grotescas.
Tienes el pecho desgarrado, como yo, como todos,
Y el corazón te late con los ojos cerrados y los sentidos vacíos.
Los chacos son oscuros y profundos,
Y en ellos se ahogan el ruido de los coches y la ponzoña de la ciudad.
Nadie nos salvará de esta farsa insípida y cutre,
Y la muchedumbre seguirá girando,
titereando entre los edificios monstruosos, en los comercios de espanto,
bajo los paraguas y sobre el cemento armado.
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