lunes, 3 de diciembre de 2012



Voy camino de tus pestañas.
El desierto repta bajo mis pies.
Las sombras no existen
Pero la luz es peor,
Raspa y araña.
Tengo los hombros desnudos y mi ángel de la guarda acurrucado en la garganta.
Suenan dos notas,
Sólo dos notas.
Una y otra vez y no las quiero ir.
Se escucha tu risa también;
Amo tu risa.
Cuando la oigo, podría morir tranquila;
Sé que podría morir tranquila.
La arena se levanta y gira,
Remolinea encabritada y los torbellinos de oro se elevan y danzan.
Yo camino, sólo camino.
Y los enormes soles verdes se dulcifican ante mi estupidez,
Con ternura paternal que odio.
Un susurro borra mis huellas
Y los escorpiones preguntan a dónde voy.
Tengo vacías las manos y demasiado llena la cabeza.
Tu risa de nuevo, sus notas otra vez.
La luna me guiña un ojo, en la frente del cielo:
Tienes que hacerlo sola, dice.
Yo nunca estoy sola;
Jack tiembla entre mis omóplatos y Danko mordisquea mis tobillos,
Joshma tiene los pies fríos de hundirlos en los nórdicos ríos de mi inconsciencia,
Ella mantiene las flores colgando en su pelo,
Él bufa y enseña los colmillos y tú… Tú me calientas el pecho.
¿Qué espera, tras los oasis y los sueños redondos, con los brazos abiertos?
Me cuesta descifrar el suelo, las dunas y las cumbres
Y cuando lo hago, cabriolean y se deforman.
No temo perderme.
Temo que me guste demasiado hacerlo y no vaya a volver más.
Pestañéame, dame aire frío y alguna lágrima.
Despiértame un poco, pero no lo suficiente;
Creo que he encontrado el Este.


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