sábado, 22 de marzo de 2014

Parece imposible, el desastre que puede causar algo tan dulce.
De repente, se me resbalan los planes y los veo estrellarse contra la madera tibia de su cuarto.
La nostalgia se deshoja, lenta pero insistentemente, en un invierno que dura el tropezar hasta la cama. Las hojas se quedan frías, tiemblan abandonadas y la añoranza se apaga, hasta que la prórroga termine.
La miro un momento, por encima de su hombro, hasta que una peca me distrae.
Las palabras son vaho ahora.
Y las sonrisas se interrumpen y terminan en un nuevo reencuentro.
Y él cree que solo es ropa lo que se desliza hacia el precipicio y se pierde entre las horas y los días y las lunas vacías.
Se agrieta el dolor, se hace pedacitos muy pequeños hasta que solo queda polvo, que un suspiro lleva lejos.
Se quiebran las inaceptables dudas, y nunca han existido y nunca existirán.
No se rompe todo. Dentro de ese tierno caos, el corazón resquebrajado se me cura.
Pero todo lo demás mio, lo respira y caracolea en sus pulmones, se evapora contra su lengua y se deshace en sus dedos, fundiéndose con su piel.
Desaparece. Y yo solo soy él.

1 comentario:

  1. No sé cómo lo haces, pero cada vez que leo algo tuyo se me ensancha el corazón. Hay vida en cada una de tus letras.

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