Por todas esas personas que
no volveremos a ver.
Por los besos finales y los
eternos apretones de manos.
Y por las saladas despedidas
y por las promesas rotas.
Por aquellos de los que nos
olvidamos.
Por los que nunca
olvidaremos.
Por las cicatrices y por los
besos que las cierran.
Y por ti, claro.
Por nuestros mapas plegables
y las eternas avenidas.
Por las carcajadas de los
niños.
Por el llanto de los
mayores.
Por la añoranza.
Por las mariposas en el
estómago.
Por las tardes de lluvia y
las mañanas de domingo.
Por aquellos que duermen a
nuestra espalda.
Por el sarcasmo.
Por el mar, por el sol.
Por mi pequeño Cowboy.
Por los soldados que luchan
con nuestros dragones.
Por las acampadas.
Por Brian Kinney.
Por los desayunos en Cádiz.
Por los saltos sobre los viejos
colchones.
Por los columpios.
Por las lámparas rotas.
Por los pinos y las
margaritas.
Por ti, de nuevo.
Por las luciérnagas.
Por las estrellas.
Y por la tarta de chocolate.
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