domingo, 22 de julio de 2012


Voy a olvidarme de vuestros ojos siameses.
Y cerraré los míos.
Cerraré los ojos y me rozarán las horas cuando pasen.
No voy a llorar.
No queda nada dentro.
Y lo que no late aquí, en el pecho no me importa.
Nos lo arranca el tiempo, nos lo consumen los amaneceres.
Tengo frío pero he olvidado temblar.
Tiemblas y el alma se te agita por dentro.
También he olvidado eso.
Te veo.
Te veo en los espejos y en el fondo de los vasos.
Te veo en madrugadas como esta.
Te veo en sus ojos, en el fondo de sus pupilas.
Y sé que no es para mi.
No eres para mi.
Se irá como te fuiste.
Y guardaré sus acordes junto a los tuyos.
Volverá el invierno a derramarse, a resbalar agónico por los cristales.
No quedará nada.
Se irá como te fuiste.
Voy a seguir respirando.
Voy a seguir viéndote.
Aunque tú no me veas, aunque tú ya no me respires.
Tengo todo roto.
No duele.
Se me rompe el dolor también.
La Nada.
Sin ti.
Recuerdame.
Recuerdame.
Recuerdame.
Cuando ya no este.
Cuando me deshaga.
Cuando me extinga.
Te dejo el mundo para ti, para vosotros.
Para tus manos. Para sus sonrisas.
Te dejo los campos de amapolas.
Y los gatos.
Gatos.
Gatos, amor.
Amor. Tú.
¿De verdad has vuelto?
¿Puede encerrar él el ritmo de tu pulso?
¿Puede encerrarte?
No es para mí.
Él no es para mi.
Tú no eres para mi.
No los merezco.
No te merecía.
No le merezco.
Me ahogo.
No sé en dónde.
No sé cómo ni por qué.
No quiero rebuscar en adjetivos ni sumergirme en metáforas.
Voy a dejar de pensar un día de estos.
Voy a dejar de existir.
Seguiré latiendo, descuida.
Pero sin sobresaltos de vida ni arritmias.
Sé que no los habrá y no sé si es mejor apagarse.
No estás. No me pesa tu cuerpo.
Me queda solo tu sombra y se me resbala entre los dedos.
Ya tiene dueño. Ya tienes dueño.
A veces, duele.
Que te estés perdiendo esto.
Que me estés perdiendo.
Que nada se quede lo suficiente.
Hoy duele.

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