Unai se duerme no sin antes luchar contra Morfeo un buen rato. Sus parpados tiemblan, luchando por no cerrarse y sus labios suspiran muy tenuemente. Cuando al fin se da por vencido su cabeza cae suavemente sobre mi hombro y siento su respiración, tenue y discontinua, humedecer mi cuello.
Abrazo más su cuerpo, tibio y pequeño, contra mi pecho y le acunó con cuidado, temiendo lastimarle de cualquier modo. Levantó los ojos, sonriéndote y acercándome despacio a ti; te susurró un “lo logré” con el que logro que me devuelvas la sonrisa.
Tu mano grande y morena acaricia su delicada nuca, que augura ser rubia algún día. “Parece ir a romperse en cualquier momento” meditas en un susurro. Te colocas a mi espalda para poder ver su rostro y siento el calor de una de tus manos en mi hombre desnudo y el cosquilleo de tu respiración cuando le susurras alguna tontería de esas que siempre logras inventar.
“¿Puedes cogerlo un momento?” te preguntó mientras tú tomas su mano, poniéndola contra tu palma y admirando el contraste de su piel, blanca y suave, contra la tuya, tan diferente. “Quiero colocarle mejor”.
Con aún más cuidado con el que yo le cojo, tú tomas al bebé y le apoyas en tu pecho un minuto. Tiene las manos convertidas en pequeños puños y los párpados firmemente cerrados. Su nariz está arrugada, molesta, y sus labios abultados.
Te miro un momento antes de tomarlo de nuevo. “Te queda muy bien” bromeo guiñándote un ojo y tú pones los tuyos en blanco.
“Listilla”
No hay comentarios:
Publicar un comentario