-¿Estás sola?
Levanté la cabeza, abandonado el relato que había estado leyendo. Sonreí a Carlos que miraba interesado por encima de mi hombro. Apreté el libro contra mi pecho, impidiendole leer.
-Deja de cotillear-le advertí.
-No cotilleo. Curioseo. ¿Quieres algo?
-¿Puedes traerme uno de esos helados con las virutas de colores?-pregunté.
Sus ojos verde musgo se achicaron cuando, al posar el libro sobre la mesa, logró descifrar algunas palabras. Chasqueé los dedos delante de sus ojos.
-¡Carlos!-me quejé empujando su pecho. Su cuerpo no se movió un centímetro y su cabeza seguía inclinada sobre las letras. Cerré el libro y él me miró arqueando una ceja.
-No queda el de las virutas. Entre tú y ese enano...
-Pues traeme el que tú quieras.
-De acuerdo-aceptó lanzandome una última mirada desde la puerta.
-No deberías leer esas cosas-aconsejó componiendo su mejor cara de chico responsable.
Volví a abrir el libro, interponiendolo entre él y yo.
-Y tú no deberías cotillear sobre tus clientes-mascullé sin ningún interes en mantener aquella conversación con él.
-No cotilleo. Curioseo-me corrigió de nuevo jugando a ofenderse.
Me reí y le guiñé un ojo, señalando el libro con un movimiento de cabeza.
-Pues yo también estoy curioseando. Desaparece y no me desconcentres.
Compuso una falsa mueca asqueada y luego rió.
-Si necesitas información extra...-arqueó las cejas y frunció los labios. Sonreí.
-Lo recordaré-prometí.
Levanté la cabeza, abandonado el relato que había estado leyendo. Sonreí a Carlos que miraba interesado por encima de mi hombro. Apreté el libro contra mi pecho, impidiendole leer.
-Deja de cotillear-le advertí.
-No cotilleo. Curioseo. ¿Quieres algo?
-¿Puedes traerme uno de esos helados con las virutas de colores?-pregunté.
Sus ojos verde musgo se achicaron cuando, al posar el libro sobre la mesa, logró descifrar algunas palabras. Chasqueé los dedos delante de sus ojos.
-¡Carlos!-me quejé empujando su pecho. Su cuerpo no se movió un centímetro y su cabeza seguía inclinada sobre las letras. Cerré el libro y él me miró arqueando una ceja.
-No queda el de las virutas. Entre tú y ese enano...
-Pues traeme el que tú quieras.
-De acuerdo-aceptó lanzandome una última mirada desde la puerta.
-No deberías leer esas cosas-aconsejó componiendo su mejor cara de chico responsable.
Volví a abrir el libro, interponiendolo entre él y yo.
-Y tú no deberías cotillear sobre tus clientes-mascullé sin ningún interes en mantener aquella conversación con él.
-No cotilleo. Curioseo-me corrigió de nuevo jugando a ofenderse.
Me reí y le guiñé un ojo, señalando el libro con un movimiento de cabeza.
-Pues yo también estoy curioseando. Desaparece y no me desconcentres.
Compuso una falsa mueca asqueada y luego rió.
-Si necesitas información extra...-arqueó las cejas y frunció los labios. Sonreí.
-Lo recordaré-prometí.
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