Daniel estaba sentado sobre las escaleras de la casa donde su madre lo había dejado hacía unos minutos.
Pórtate bien con Eva, le había advertido antes de arrancar el coche y desaparecer en la esquina más próxima. Pero Eva no estaba, a puerta estaba cerrada y a Daniel no le quedaba otra que esperar.
Fiera corría por el césped del jardín delantero; a modo de correa improvisada, los cordones de las zapatillas de Daniel. El niño seguía sus pasos con curiosidad mientras que, sobre su regazo, ojeaba sus debes de geometría. La cobaya trepó con dificultad por las escaleras del porche y se revolcó sobre el felpudo en forma de mariposa.
El pequeño papel crujió cuando Fiera se tumbó encima.
Daniel la apartó con cuidado pero a pesar de todo Fiera soltó un estridente chillido que hizo al niño palmearle la cabeza.
Querida Emma, rezaba el papel dirigido a su madre, he tenido que salir un momento pero Tommy está al llegar. Bajo el felpudo esta la llave de la entrada. Deje a Daniel sin problema, no tardaremos.
El chillido fue mayor esta vez cuando Fiera fue retirada del mullido felpudo.
Bajo él, la impoluta llave de repuesto, brillaba.
Pórtate bien con Eva, le había advertido antes de arrancar el coche y desaparecer en la esquina más próxima. Pero Eva no estaba, a puerta estaba cerrada y a Daniel no le quedaba otra que esperar.
Fiera corría por el césped del jardín delantero; a modo de correa improvisada, los cordones de las zapatillas de Daniel. El niño seguía sus pasos con curiosidad mientras que, sobre su regazo, ojeaba sus debes de geometría. La cobaya trepó con dificultad por las escaleras del porche y se revolcó sobre el felpudo en forma de mariposa.
El pequeño papel crujió cuando Fiera se tumbó encima.
Daniel la apartó con cuidado pero a pesar de todo Fiera soltó un estridente chillido que hizo al niño palmearle la cabeza.
Querida Emma, rezaba el papel dirigido a su madre, he tenido que salir un momento pero Tommy está al llegar. Bajo el felpudo esta la llave de la entrada. Deje a Daniel sin problema, no tardaremos.
El chillido fue mayor esta vez cuando Fiera fue retirada del mullido felpudo.
Bajo él, la impoluta llave de repuesto, brillaba.
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