Para Unai
Y en sus pupilas brillaba el sol y se reflejaba el mar; zumbaban las abejas y reían los niños.
Sus pupilas curiosas y enormes, de un color plomizo, profundo e infinito.
Sus pupilas eternas y frágiles, luciendo a punto de ser resquebrajadas en miles de pequeños cúmulos de si mismas.
Sus pupilas que reflejaban su risa embriagante y pura, dichosa y burbujeante.
Sus pupilas que nos atrapan y nos envuelven y nos giran. Las que nos sacuden, nos embaucan y, finalmente, nos hacen sonreír.
Y entonces todo se reduce a eso, a sus pupilas tormentosamente inciertas.
Y cuando todo se reduce a algo tan irrelevantemente pequeño como los idénticos universos de los ojos de un niño, generalmente, se habla de amor.
Sus pupilas curiosas y enormes, de un color plomizo, profundo e infinito.
Sus pupilas eternas y frágiles, luciendo a punto de ser resquebrajadas en miles de pequeños cúmulos de si mismas.
Sus pupilas que reflejaban su risa embriagante y pura, dichosa y burbujeante.
Sus pupilas que nos atrapan y nos envuelven y nos giran. Las que nos sacuden, nos embaucan y, finalmente, nos hacen sonreír.
Y entonces todo se reduce a eso, a sus pupilas tormentosamente inciertas.
Y cuando todo se reduce a algo tan irrelevantemente pequeño como los idénticos universos de los ojos de un niño, generalmente, se habla de amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario