No debían de ser más de las siete pero una claridad demasiado nítida para ser ignorada entraba por cada retazo de tela azul sintético de la tienda de campaña.
Había sido una noche de lo más anómala pero rebosante de perfección, con el viento perfecto y un cielo inmenso colmado de estrellas.
No habían precisado los sacos de dormir que llevaban preparando hacía meses en ningún momento de la madrugada.
Sobre sus cuerpos tan solo un par de ligeras mantas y como almohadas sus ropas ahuecadas.
Ambos estaban despiertos pero ninguno quería ser el primero en hablar. Eso les llevaría inevitablemente a mantener una conversacion que desembocaría en una discusión.
Así que, no hablaron y continuaron con los párpados cerrados, abrazados al cuerpo del otro y finguieron dormir durante mucho tiempo.

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