Regálame sólo el último de tus gemidos,
Y el brillo final de tus pupilas
Idas y ajenas, embadurnadas de placer y lívido escarchado.
Dame el decisivo apretón de tus piernas
Ese que ahoga y duele
Ese que permite liberar cúmulos de galaxias encerradas en nuestras sienes.
Cédeme el estremecedor espasmo que te sacude,
Que te vacía.
Ese que marca el después, ese que augura tanto y tan poco.
Así te recordaré.
Tenso y vibrante, parpadeante y difuso.
Escurriéndote de este mundo
Escapando de mí, de ti y de todo.
Evocaré una plástica imitación tuya.
De un tú delicioso e incitante.
Punzante y glorioso.
Solo para evadir la inminente soledad
Que me espera en algún cuarto lejos del tuyo.
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