lunes, 6 de junio de 2011

Primera impresión.




El cuarto de un niño a primera hora de la mañana. Mantas y almohadas tiradas por el suelo precipitadamente. El despertardor roto junto a la mesa, marcando las dos de la madrugada.




Y en una esquina de la habitación, un niño sentado,
abrazandose a si mismo.






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