
"-Me ha pedido la separación legal, alegando que tú y yo nos entregamos a relaciones inmorales.
-¿Y?
-Quiere saber si nos someteríamos a un examen médico.
-¿Qué?
-No les consiento que hagan acusaciones injuriosas.
-Un momento…
-Voy a contestarle hoy y a decirle que por lo que a mí respecta se pueden poner todos ellos a mirarnos el culo.
-¿Qué estás diciendo? Ella tan solo necesita alegar abandono. Y si alega abandono y sodomía iremos a la cárcel. Y yo no quiero ir a la cárcel.
-No lo sé. No sería tan malo."
-¿Y?
-Quiere saber si nos someteríamos a un examen médico.
-¿Qué?
-No les consiento que hagan acusaciones injuriosas.
-Un momento…
-Voy a contestarle hoy y a decirle que por lo que a mí respecta se pueden poner todos ellos a mirarnos el culo.
-¿Qué estás diciendo? Ella tan solo necesita alegar abandono. Y si alega abandono y sodomía iremos a la cárcel. Y yo no quiero ir a la cárcel.
-No lo sé. No sería tan malo."
Paul Verlaine y Jean Arthur Rimbaud serán conocidos como los amantes malditos, famosos por sus disputas en las calles de Stuttgart y París acabadas en golpes e insultos, reverenciados por sus obras poeticas y retratados mil veces como violentos corazónes demasiado heridos y que se entendían demasiado bien para sobrevivir juntos.
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