Levanta sus enormes ojos de mi mano y los posa en los míos. Parpadea al ritmo de mi corazón.-Te hace daño-asegura mientras sus dedos helados dan forma a la goma que rodea mi muñeca, marcándola con una suave línea.
Sonrío y acaricio su mejilla con la nariz.
-No-le susurro-. Solo me recuerda que está ahí.
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